La máquina de la verdad
Marcela compra una máquina capaz de responder cualquier pregunta con absoluta sinceridad. Una noche decide poner a prueba algo más que su tecnología: la honestidad de su esposo.

—Arturo, que sí, que esta máquina es una maravilla. Todo lo sabe —le explica Marcela.
—¿Todo?
—Todo. De hecho, hoy me surgió una curiosidad y le voy a hacer una pregunta cuando lleguemos a casa.
Horas después, Arturo y Marcela regresan a casa. Marcela saca la máquina de su caja y la coloca sobre la mesa.
—Mira, cariño. Tocas aquí y haces la pregunta. Después lo sueltas, presionas este botoncito verde y ella te responde.
—¿Y tú ya la probaste?
—Claro. Le hice preguntas sobre mis propios pensamientos y recuerdos. Respondió cosas que nadie más podía saber.
Arturo observa el pequeño dispositivo.
—Qué interesante.
Marcela apoya un dedo sobre el botón.
—Máquina, hoy quiero hacerte una pregunta especial. ¿Tú puedes leer la mente de mi esposo Arturo?
Arturo salta de su asiento.
—¡Marcela! ¿Qué clase de pregunta es esa?
Una luz verde se enciende en el aparato.
—Sí. Puedo escanear su mente. Ahora mismo siente mucho miedo. Teme que te diga que ya no te quiere. Está enamorado de una mujer llamada Olga.
Marcela permanece sentada, tranquila, con la mirada perdida. Es exactamente lo que esperaba escuchar.
Arturo no dice nada.
—Marcela —continúa la máquina—, si deseas, puedo examinar sus recuerdos para decirte cuándo fue la última vez que habló con Olga y de qué hablaron.
Marcela había comprado el aparato porque sospechaba que había alguien más. Arturo nunca se decidía a ser honesto, y ella estaba cansada de esperar una confesión que no llegaba.
Ahora tenía su respuesta.
—Arturo.
Él se queda mirándola.
Sin mirarlo, Marcela dice:
—Vete.


