La segunda llamada
La madre de Cindy asegura estar escuchando su respiración en otra llamada. Cindy insiste en que no ha llamado a nadie. Pronto descubre que el verdadero peligro no está al otro lado del teléfono.

—¿Cómo es eso posible si tengo un solo teléfono y soy una sola persona? Mamá, ¿has estado durmiendo bien?
Cindy no puede creer lo que escucha. Está en la cocina, limpiando y guardando lo que sobró de la cena.
—Cynthia, me estás asustando.
—Tú nunca me llamas Cynthia. Cuelga la otra llamada y ya.
—Pero ¿cómo sé por cuál me estás hablando y en cuál estás solo respirando?
—Mamá, voy a colgar y te vuelvo a llamar. Así sabrás cuál es la buena.
—No, Cindy. No me dejes sola. Me siento un poco inquieta.
La respiración continúa escuchándose, cada vez más fuerte.
—Que no pasa nada. Debe ser una interferencia o algo con la línea. Quizás el viento. Tranquila, voy a colgar y a llamarte de nuevo.
Cindy termina la llamada.
Entonces escucha una respiración fuerte a su derecha.
Se le eriza la piel. Siente que hay alguien cerca, pero no entiende qué está pasando.
El teléfono vuelve a sonar. Es su madre.
—¿Cindy? ¿Todo bien?
Cindy mira hacia el lugar de donde proviene la respiración.
—Sí, todo bien aquí en casa.
—Algo no anda bien. Ten cuidado. ¿Cindy? ¿CINDY?
Cindy se encuentra frente a frente con una persona desconocida que lleva un pasamontañas.
—¿Quién eres? ¿Qué haces aquí?
El desconocido da un paso hacia ella.
—Camina. Tú y yo tenemos mucho de qué hablar.


