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Siete escalones

Una mudanza, un armario olvidado y siete escalones que llevan a Ana hacia algo que llevaba años sin tocar.

Escalera de madera que desciende hacia un sótano con cajas de mudanza y un vestido rojo colgado al fondo.

—Creo que ya terminé de empacar todo para la mudanza.


—Está bien. Pensé que faltaba el armario que tienes desde hace años en el sótano.


¿El armario? ¿Aquel armario?


—Amor, ¿está todo bien? Te estamos esperando.


—Sí, todo bien. Adelántate. Yo voy después.


No puede ser.


La incertidumbre consumía a Ana durante aquel viaje de siete escalones hacia el sótano.


Al abrir el armario, allí seguía.


El vestido.


Rojo como sus labios. Ligero, perfecto para el clima de aquel verano.


¿Cómo se me habría visto?


Ana pasó los dedos por la tela.


Ay, mamá. Cómo te extraño.

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