Una y otra vez
Después de veintisiete años, una hija vuelve a encontrarse con su padre. Había imaginado ese momento una y otra vez, pero ninguna de esas versiones se parecía a la realidad.
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Habían pasado veintisiete años.
Aquella mañana fría y lluviosa, mi cuerpo temblaba al tenerlo a pocos pasos. Sentía que el corazón se me salía del pecho.
De repente, se dio la vuelta.
Me miró durante unos segundos y caminó hacia mí, boquiabierto y casi sonriendo.
—¿Será posible? ¿Eres tú?
Quería responder, pero el miedo me enmudecía.
—Vamos, hija, han pasado muchos años; ya no deberías guardarme rencor.
Una y otra vez, durante mi niñez, mi adolescencia y mi vida adulta, me preparé para el momento en que volvería a ver a mi padre.
Pero aquí estoy, al fin frente a él, sin poder hacer nada más que llorar.
—Nunca es tarde si la dicha es buena. Vamos, hija, dame un abrazo. No perdamos ni un minuto más.
Lo miré. Había envejecido mucho más de lo que yo había imaginado.
Y supongo que yo también.
—Yo también estoy muy feliz de verte, papá.
Le contesté y nos fundimos en un abrazo con la esperanza de olvidar veintisiete años de abandono.


