POESÍA
El anillo de Anabel

—Ese anillo es mío.
—No, es mío.
—¿Qué dices? Por favor, busca bien. Este es el mío.
—Se equivoca. Ese es mi anillo.
—La casa está a punto de cerrar y necesito el anillo. No puedo viajar mañana sin él.
—Es mío. Es una herencia.
—Qué casualidad. Yo también lo heredé.
—A ver. Vamos a calmarnos y a hablar como personas civilizadas. Ese anillo me lo dejó mi madre. Falleció hace dos días y hoy su abogado me dijo dónde encontrarlo.
—Mi abuela falleció hace dos días… y su abogado me dijo dónde encontrar este anillo.
—¿Cómo se llamaba tu abuela?
—Anabel.
—Mi madre se llamaba Anabel. ¿Será posible? ¿Tú eres el hijo de mi hermano Manuel?
—Sí. Mi padre falleció hace veinte años. Hace esos mismos veinte años que no veía a mi abuela. Mi madre murió hace tres. No tengo familia. Abuela era todo lo que me quedaba.
—No. Te quedo yo. Tu tía. Mamá lo tenía todo planeado. Quería reunirnos.
—¿No tienes hijos?
—Tengo un sobrino.
—Coge el anillo, tía.
—No. Quédatelo tú. Así sentirás más cerca a tu abuela.
