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POESÍA

La regla número 7

Diario abierto sobre el mostrador de una librería usada, junto a un teléfono antiguo y una lista de instrucciones.

Te diría “Querido diario”, pero es muy ridículo.


Te escribo hoy, 14 de junio, a las 8:05 p. m.


Hoy es mi primer día como dueña de un negocio. Por fin tengo mi propia librería.


Mi padre siempre decía que perdía demasiado tiempo leyendo y que haber estudiado una licenciatura en estudios bibliotecarios era una pérdida de dinero.


Hoy lo cambia todo. Hoy demuestro, principalmente a mí misma, que los sueños se vuelven realidad cuando se trabaja duro.


¿Sabes qué es lo único raro de todo esto, diario?


El dueño anterior se atrevió a dejarme una lista de instrucciones.


¡Semejante atrevimiento!


Lo más ridículo de todo es que, dentro de siete minutos, a las 8:12 p. m., ya no se deben contestar llamadas. Según el excéntrico exdueño.


Claro. Porque a las 8:11 te llama una señora preguntando por un libro y a las 8:12 llama Satanás personalmente.


Si suena, pienso contestar solo para demostrar que este hombre necesitaba vacaciones.



Querido diario, el teléfono está sonando.

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