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POESÍA

Treinta años y diecisiete días

Mujer mayor, asustada, mirando el interior de una maleta antigua abierta en una habitación tenue y de aire misterioso.

—No creas que no he pensado en abrirla.


—Lo peor de todo es que las ganas siempre me vienen a esta hora. Medianoche. ¿Qué hago yo despierta a esta hora?


Mira al techo, tratando de distraer su mente de la maleta... aquella bendita maleta que cerró hace treinta años y juró nunca más abrir.


—¿Y si abro solo un poquitito? Digo... ya han pasado treinta años. Yo ya tengo sesenta. Ha llovido mucho desde aquel día que dije que jamás la volvería a abrir.


—No me estaría traicionando... Bueno, ni a mí ni a nadie.


Lentamente se sienta en la cama y estira el cuello de lado a lado. Desliza la mano derecha por la cama hasta tocar el cierre de la maleta.


—A lo mejor dejé dinero adentro. Y un dinerito extra ahora me caería muy bien.


—También cabe recalcar que aquí no hay nadie. Entonces, si nadie me ve, no lo he hecho.


—Ay, cómo me duelen las piernas.


Se pone las pantuflas y se sienta en su butacón. Enciende la lámpara para leer la etiqueta que todavía cuelga de la maleta. Después de tantos años, aún se ve la fecha.


—Han pasado exactamente treinta años y diecisiete días desde que cerré esta maleta en aquella habitación de hotel.


—No recuerdo si me llevé el jabón, quizás el champú. A estas alturas nada de eso sirve.


—Peroooooooooo... pudiera ver la marca y comprarme uno nuevo.


—¿Sabes qué? La vida es de los que se arriesgan.


Con las manos temblorosas, abre lentamente la maleta.


—¡Ahhhhhhhhhhhhhhh!

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